El efecto Parallax está evolucionando gracias a marcas que lo ven como un recurso que apoya la explicación de la historia.
El efecto parallax que vemos en muchos websites a menudo no tiene un objetivo de uso en la página, más allá de ser una tendencia de 2014, y de los años anteriores, en diseño web.
Pero últimamente he visto tres sites que son dignos de ser visitados, de dejar correr el scroll hacia abajo y perderse en una experiencia que va mucho más allá de mover elementos a diferentes velocidades y en planos separados.
Los tres buscan una inmersión total que acaba contando una historia
- Recorrer un kilómetro en el asiento de un Mercedes, mientras te explican las bondades del automóvil, a la vez que recorres una carretera. Un site con la elegancia propia de la marca.
- Nos trasladarnos a Japón de la mano de Sony que, aunque últimamente no está pasando por sus mejores momentos, posee una gran vida detrás. En esta historia nos explica y relaciona cómo en la ingeniería hay una actitud más artística y creativa para llegar a la gestación de nuevos productos.
- En el tercero, fija bien tus auriculares porque la inmersión, ya sea en la historia o, incluso, literalmente en el mar, está asegurada, para explicarnos cuáles son las fuentes de inspiración para crear el nuevo coche de General Motors, Sierra, una pickup robusta muy al estilo americano.
Mercedes Benz

Sony

GMC Sierra
> www.gmc.com/incrediblethinking
Qué fue del parallax
Este artículo es de 2014, cuando el efecto estaba en su mejor momento. Doce años después la técnica casi ha desaparecido de los sitios grandes, y no por moda: la tumbaron tres cosas concretas.
El rendimiento. El parallax clásico se construía atando la posición de los elementos al evento de scroll con JavaScript. Eso obliga a recalcular y repintar en el hilo principal a cada píxel de desplazamiento, y el resultado es el tirón característico en móviles y portátiles modestos. Cuando la respuesta a la interacción pasó a ser una métrica que Google mide y usa, ese coste dejó de ser una molestia estética para tener consecuencias.
La accesibilidad. Para una parte de las personas el movimiento no es decorativo, es mareo: quien tiene sensibilidad vestibular puede sufrir náuseas reales con un desplazamiento que arrastra planos a distintas velocidades. Los sistemas operativos añadieron una preferencia de «reducir movimiento» y los navegadores la expusieron a las webs, de modo que hoy respetarla es lo mínimo exigible. Un sitio que ignora esa preferencia está eligiendo marear a quien ya ha pedido que no lo hagan.
El móvil. Aquellos tres sitios se diseñaron para una pantalla grande, un ratón y una conexión estable. El efecto, trasladado a un teléfono, o se simplificaba hasta desaparecer o se volvía impracticable.
Lo que sí sobrevivió
La técnica ha vuelto, pero rehecha. Los navegadores incorporaron animaciones ligadas al desplazamiento resueltas en CSS, sin JavaScript de por medio: el navegador las ejecuta fuera del hilo principal, así que se mueven suaves y no bloquean la página. Es la misma idea sin la factura.
Y sobre todo sobrevivió lo que hacía buenos a aquellos tres sitios, que nunca fue el efecto. Recorrer un kilómetro sentado en el coche, entrar en la ingeniería de Sony como si fuera un taller de artesanía, sumergirse literalmente para explicar de dónde sale el diseño de una pickup: eso es estructura narrativa, y funciona igual con o sin planos moviéndose a distinta velocidad.
De hecho, es la prueba más útil que se le puede hacer a una web con mucho movimiento antes de aprobarla: quítale la animación y mira si sigue contando algo. Si al desactivarla no queda historia, el efecto no estaba al servicio del relato. Era el relato.








