Modernizar una marca con historia sin traicionarla: qué se conserva y qué se suelta

Modernizar una marca con historia sin traicionarla: qué se conserva y qué se suelta

UPS conservó el marrón y cambió todo lo demás. Computer Associates hizo lo contrario. Cómo se decide qué parte del pasado es un activo y qué parte es un lastre.

En las empresas con muchos años, la conversación sobre modernizar la marca suele partirse en dos bandos que no se entienden.

Uno dice que hay que actualizarse ya, que la identidad parece de otra época y que los clientes jóvenes no conectan. El otro contesta que llevan cuarenta años construyendo eso y que tirarlo es una locura.

Los dos tienen razón, y el debate está mal planteado. La pregunta no es cambiamos o no cambiamos. Es qué parte del pasado sigue trabajando para vosotros y qué parte solo ocupa sitio.

El caso que mejor separa las dos cosas

UPS lo resolvió en 2003 con una decisión que parece pequeña y no lo es.

Conservó el marrón. Ese color es lo más reconocible que tienen: un camión suyo se identifica de lejos sin leer nada, lo cual es exactamente para lo que sirve un activo de marca.

Y cambió todo lo demás. Modernizó el escudo quitándole el lazo del paquete que arrastraba desde 1961 (un símbolo de «entregamos cajas» que se había convertido en un techo) y reposicionó la empresa entera con «What Can Brown Do for You?». De empresa de reparto a empresa de cadena de suministro.

El resultado no fue estético: según recoge la Encyclopedia of Major Marketing Campaigns, ese mismo año sus ingresos ajenos al negocio del paquete crecieron casi un 100%, hasta 2.700 millones de dólares.

Fíjate en la lógica de la decisión. El marrón es reconocimiento acumulado y no dice nada sobre lo que la empresa hace, así que conservarlo no cuesta nada y ganarlo de nuevo costaría décadas. El lazo del paquete sí decía algo, y decía justo lo que querían dejar de ser.

Cuando el problema es la percepción, no el logotipo

GE tenía otro tipo de problema, el mismo año. No es que su marca fuese débil: es que la asociación era cálida, familiar y de toda la vida (alguien lo describió como una imagen de cuadro de Norman Rockwell) cuando la empresa quería competir en terreno de innovación.

El giro a «Imagination at Work» cambió la percepción: un año después del lanzamiento, la mitad de los encuestados veía a GE como dinámica y un 35% la consideraba innovadora, según recoge la misma Encyclopedia of Major Marketing Campaigns.

Es el mismo mecanismo que veíamos en el post sobre notoriedad: que te conozcan mucho no significa que te asocien a lo que ahora vendes. Y una asociación no se actualiza sola, porque nadie revisa por su cuenta lo que ya cree saber de ti.

Y a veces hay que romper del todo

El contraejemplo es igual de instructivo. Computer Associates se rebautizó CA Technologies en 2006, y lo hizo precisamente para cortar con su pasado: «computers» sonaba a una industria en retirada y le quedaba pequeño a una gama de servicios que se había ampliado mucho.

Ahí no había nada que conservar. El nombre describía correctamente lo que la empresa había sido, y eso era el problema.

La regla que se saca de comparar los tres casos es bastante clara: capitalizar el pasado vale la pena solo si te posiciona como pilar de tu categoría o si te ayuda a que te vean como la empresa del futuro. Si tu historia no hace ninguna de las dos cosas, es decoración cara.

Mercedes es quien mejor ejecuta esa idea: usa su historia constantemente, pero siempre para enmarcar la innovación como un proceso continuo y no como un golpe de suerte. El pasado no es el argumento; es la prueba de que lo de ahora tiene fundamento.

Los dos finales malos

Hay dos formas de equivocarse aquí, y son opuestas.

Quedarse dentro. Xerox se volvió tan sinónimo de fotocopiar que, cuando llegó lo digital, su imagen ya estaba fechada. Le costó muchísimo atraer clientes que asociaban el nombre a tecnología vieja. El nombre convertido en verbo, que durante décadas fue el mayor activo imaginable, acabó actuando como una etiqueta de caducidad. En países como Brasil, Bulgaria, Rumanía o Rusia, según recoge la revista de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (WIPO), el nombre llegó a genericizarse del todo: dejó de ser una marca protegible para significar, sin más, «fotocopiar».

Defender el aura en vez del cliente. Levi’s, en los noventa, se preocupó tanto de preservar su condición de original que perdió de vista qué era lo que entusiasmaba a la gente de sus vaqueros. Terminó montando un panel de jóvenes para recuperar lo que había dejado de entender.

Las dos comparten el mismo mecanismo de fondo. Hay una expresión que lo describe muy bien: el túnel del tiempo complaciente. Una marca fuerte puede vivir de laureles viejos durante bastante tiempo sin que los indicadores canten, mientras se le escapan las tendencias que van a decidir la siguiente década.

Que un 43% de las marcas del ranking Best Global Brands de Interbrand tenga más de cien años, según el estudio del profesor Bradford Hudson (Boston College), despista bastante. La edad ayuda, pero no es lo que las sostiene.

Cómo hacer el inventario

Antes de encargar nada, este ejercicio ordena la conversación y se puede hacer internamente. Coge todo lo que la marca arrastra (nombre, color, símbolo, tipografía, claim, tono, historia fundacional, producto insignia) y clasifícalo en tres columnas:

Reconocimiento sin significado. Un color, una forma, un sonido. La gente lo asocia a ti pero no describe lo que haces. Es lo más valioso que tenéis y lo primero que la gente propone cambiar, porque estéticamente cansa antes que nada. Se conserva casi siempre.

Reconocimiento con significado obsoleto. El lazo del paquete de UPS. Un nombre que describe un negocio que ya no es el vuestro. Un claim que promete algo que hoy dan por hecho todos. Aquí es donde se corta.

Historia que acredita. El fundador, los años, el origen. No es identidad visual y no se toca en un rediseño, pero sí cambia el uso: sirve para dar credibilidad a lo nuevo, nunca para sostener lo viejo. Cómo se explota eso da para otro artículo entero.

Si vuestro caso es un cambio de nombre (fusión, internacionalización, ruptura con el pasado) hay cinco casos españoles recientes analizados en ejemplos de rebranding B2B, que es un problema parecido pero con reglas propias.

La pregunta que resuelve el empate

Cuando el comité se atasca entre los dos bandos, esta pregunta suele desbloquearlo:

Si mañana quitáramos esto, ¿cuánto tardaríamos en volver a construirlo?

Un color reconocible: décadas. Un claim: dos años y una campaña. Un logotipo que nadie identifica sin leer el nombre: nada, no había activo que perder.

Lo que cuesta décadas se conserva aunque no guste. Lo demás se puede discutir por su utilidad, que es justo la conversación que interesa tener.

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